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La leyenda de los "predictores" perfectos
En una mañana cualquiera, aún no habría podido ponerme a trabajar en serio, pero aquél día sólo llevaba media hora sentado en mi mesa y había podido leer todos los emails pendientes, contestarlos, planificarme la jornada e incluso había empezado a trabajar en el código del programa que tenía entre manos. Un día normal mi compañera Sofía me habría entretenido contándome alguna batallita nocturna tras haber derribado alguna web "enemiga" (defacement lo llama ella), pero esa mañana estaba especialmente silenciosa y, pese a ir de alternativa por la vida, ahí estaba con su ipod enchufado a sus orejas. Gaznápiro, mi jefe, había pasado por delante de nuestras mesas como una exhalación, con la cabeza gacha y con un montón de papeles bajo el brazo. Mal presagio sin duda. Es la calma que precede a la tempestad. Cuando Gaznápiro llega tan temprano al trabajo acompañado de tantos papeles (ya podría comprarse una carpeta el hombre) es señal de que tiene que preparar una reunión con la plana mayor, de la que suele salir bastante cabreado. Evidentemente, tiene que desfogar con alguien y parece que, además de informáticos, somos buenos esparrings, porque nada más salir de esas reuniones la emprende, metafóricamente hablando, con nosotros.
Pero lo más extraño de todo era que el Sr. Lego aún no había aparecido por allí, y eso que suele ser el primero en llegar cada mañana. Puntual como un reloj suizo. Fue pensar en ello y aparecer por la puerta de la oficina. Traía el hombre mala cara esa mañana y unas ojeras bastante pronunciadas.
Buenos días Sr. Lego ¿mala noche? -dije.
Pues sí -respondió- he dormido regular. El crío, que anda con dolores de estómago y se pasa la noche llora que te llora, el pobre. Y encima escuchando la radio en el coche me entero de que han bajado las acciones de Microsol, justo ahora que acababa de comprar algunas por probar esto de la bolsa. Afortunadamente no invertí mucho, pero mira que tengo mala pata. Ojalá hubiera algún programa que te dijera en qué empresa hay que invertir para ganar dinero.
¡Ojalá! -dije. Pero me temo que todavía no lo han inventado. Aun así hay bastante gente investigando en ese campo, y por lo que sé, algunos programas no lo hacen mucho peor que brokers profesionales.
Evidentemente, acababa de captar la atención del Sr. Lego porque había dejado de mirar los valóres de bolsa para mirarme a mí.
Bueno -continué- el otro día leí algo sobre que habían desarrollado un programa que usando algoritmos genéticos era capaz de hacer mejor papel que la mayoría de los inversores humanos en el mercado de futuros.
¿Algoritmos genéticos? -preguntó el Sr. Lego.
Sí, es una de las ramas de la Inteligencia Artificial que se está explorando con más interés en la actualidad, y además tiene un campo de aplicación bastante amplio.
Pues no tenía ni idea -reconoció el Sr. Lego. ¿Cómo funcionan los algoritmos genéticos?
Verá usted Sr. Lego, no es fácil explicar cómo funcionan en pocas palabras, pero le voy a contar la leyenda de los "predictores" perfectos y verá como lo entiende rápidamente.
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