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La máquina predictora de estados de ánimo




No es ningún secreto que un tonto "leal" tiene más posibilidades de ascender en una empresa que un listo librepensador, pero si el tonto, además, disfruta gritando a los demás, sus posibilidades de ascender rozan el 100%. En eso andaba Gaznápiro, entrenando sus mejores gritos con el Sr. Lego dentro de su despacho (su faceta de tonto no necesitaba entrenarla más porque, probablemente, había llegado ya a lo más alto que nadie pueda llegar). Los gritos podían oírse en toda la oficina, entre nasales y con un tono agudo que daban más risa que miedo, y que agudizaban, aún más si cabía, la condición de tonto "leal" que le hace el trabajo sucio al gran jefe.
El Sr. Lego salió del despacho con la cabeza baja y maldiciendo hasta en arameo antiguo. Sofía, que se sentaba en la mesa contigua a la mía no paraba de anotar cosas en una libreta pequeña de color rojo, de esas de anillas en la parte de arriba.
¿Qué anotas con tanto interés? -pregunté a Sofía intentando esconder mi curiosidad.
Anoto el estado de ánimo que tiene Gaznápiro. Lo hago desde hace nueve días. -respondió.
Me quedé mirandola un rato esperando que me dijera que estaba de broma, pero no lo hizo. En vez de eso, prosiguió contándome detalles.
Intento encontrar un patrón de comportamento para ver si descubro qué es lo que hace que tenga un día de perros o un día de buen humor. Así sabré cuando pedir un ascenso o un día de vacaciones. Anoto lo que ha desayunado, el color de la corbata, si toma o no café… en fin todo lo que pueda observar lo anoto.
Lo peor de todo es que, conociendo a Sofía, lo estaba diciéndolo totalmente en serio.
El Sr. Lego, que andaba pegando el oído preguntó a Sofía si podía decirle qué tal día iba a tener mañana, ya que tocaba reunión de proyecto y andaba algo retrasado con la programación.
Bueno, -respondió Sofía- desgraciadamente aún no he encontrado ningún patrón.
Ambos me miraron como esperando que me sacara un as de la manga.
Venga Alberto, seguro que conoces algún truco para convertir todos estos datos en algo utilizable -dijo el Sr. Lego dándome palmaditas en la espalda y sonriendo como si me hubiera pillado en un renuncio.
Claro, si la información que ha anotado Sofía es la mitad de precisa de lo que esperaría de ella podemos utilizar un clasificador bayesiano para modelar el comportamiento de Gaznápiro e intentar predecir con qué estado de ánimo llegará mañana a la oficina.
Ahora eran Sofía y el Sr. Lego los que me miraban a mí como si fuera un bicho raro, lo que me hizo anotar mentalmente: "No volver a mirar a mis compañeros como si se hubieran escapado de un manicomio".

¿Sueñan los ordenadores con imitar a Cervantes?




Cualquier día es bueno, y más si la climatología acompaña, para dar un paseo por el parque. Aquel día coincidía con una feria del libro, y mi amigo Descollante y yo andábamos de caseta en caseta en busca de algún buen libro extranjero de informática (porque de los autóctonos mejor ni hablamos). En una de las casetas estaba Fulano sentado, firmando libros a troche y moche, el último fabricante de bestsellers en serie. A mí no me parece mal siempre que ayude a que algunos lean algo, aunque sea por poder decir que se han leído el último libro de moda, pero mi amigo Descollante suele ser algo más radical e intolerante con la literatura barata y de consumo, y más si mediocres escritores que aprovechan filón literario del último tema de moda, junto con un marketing estudiadísimo, acaban forrándose de la noche a la mañana. Quizás influya que Descollante lleva dentro un escritor frustrado y un montón de negativas de editoriales a sus espaldas. Y no es que sea Borges o Delibes, pero tampoco se le da mal eso de contar historias dándole a la tecla.