Mostrando entradas con la etiqueta Inteligencia Artificial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inteligencia Artificial. Mostrar todas las entradas

Comerciales viajeros y colinas peligrosas




El Sr. Lego no paraba de agitarse inquieto en su asiento, como esperando algo. Así llevaba ya un buen rato cuando me decidí a preguntarle si tenía algún problema o podía ayudarlo en alguna cosa.
Nada, nada -me respondío inquieto- cosas mías.
Con esas traté de meterme de nuevo en el código en el que estaba trabajando, pero los movimientos casi espasmódicos del Sr. Lego empezaban a ponerme nervioso. ¿Seguro que no le pasa nada Sr. Lego?
Al hacerle la pregunta volvió su cara y pude ver una mirada suplicante: Es que... esto no termina...
Me levanté y vi como estaba ejecutando un programa. Por lo menos llevaba una hora en ejecución.
Es que estoy tratando de resolver un problema para ganar un concurso que he encontrado en esta página.
El concurso consistía en encontrar la solución al conocido problema TSP (Traveling Salesman Problem). El problema consiste en una serie de ciudades que un viajante de comercio tiene que recorrer. El recurrido tiene que cumplir tres requisitos, que el número de kilómetros recorridos sea el mínimo posible, que el viajante no pase dos veces por la misma ciudad y que el viajante regrese a la ciudad de inicio.
¿Cómo está tratando de resolverlo Sr. Lego? -pregunté.
Estoy tratando de hacer una búsqueda en el espacio de estado del problema con las técnicas de búsqueda de las que hablamos hace algún tiempo.
Verá Sr. Lego, no creo que aquellas técnicas de búsqueda le sean muy útiles en este problema concreto, que pertenece a una clase de problemas que en Ciencias de la Computación se denomina "intratable", o más técnicamente, NP-Dificil.
NP-¿qué? -se extrañó el Sr. Lego.
Verá, hay problemas que son tan complejos que son computacionalmente irresolubles. Por mucho tiempo que dejara su ordenador funcionando jamás encontraría la respuesta, o en el mejor de los casos, tardaría miles o millones de años. Recuerde que ya lo comentamos el día que hablamos de la búsqueda en árboles.

Neuronas y banqueros tacaños



Volver al trabajo después de todo un año es una tarea difícil. Tras un año sabático, en el que había estado tratando de encontrarme a mí mismo, regresaba al trabajo con exactamente las mismas dudas existenciales que cuando me marché, y lo que es peor, todo en la empresa seguía exactamente donde lo dejé un año antes. Sofía con sus cascos y sus pintas de hacker ochentera. Gaznápiro odiándome un poco más si cabía y el Sr. Lego, entrando como siempre en la oficina cabizbajo y mascullando. En fin, la vida seguía por el mismo lugar que la dejé.
Habían pasado ya tres días desde mi regreso y Gaznápiro ya me había asignado el mismo marrón del que hacía un año pensé que me había librado, así que aquella mañana no estaba yo de muy buen ánimo. Para mejorar la estampa, el Sr. Lego llegó mascullando como siempre, pero esta vez un poco más colorado y enfurecido que de costumbre.

- ¡Malditos bancos! Me voy a llevar la nómina y la hipoteca a otro lado... -gruñó el Sr. Lego.

- Hombre, buenos días. -dije- Veo que a usted tampoco le hace gracia que le roben.

El Sr. Lego me miró de soslayo y terminó diciendo: Quince años de cliente y ahora me deniegan un mísero préstamo de 6.000 euros. Y encima me vienen con la milonga de que es el ordenador el que me ha clasificado como cliente de riesgo y que no pueden hacer nada.

Vaya, otra víctima de una fría y malévola red neuronal. -dije tratando de quitar hierro al asunto.

- Pues no le veo la gracia. -protestó el Sr. Lego- Además, no sé como un ordenador, o una red neuronal de esas que usted dice, puede decidir si yo soy o no un cliente de riesgo.

Miré al Sr. Lego con una mezcla de lástima y desesperación por la promesa de una larga mañana de lamentos.

- Está bien Sr. Lego, si se tranquiliza y mejora su humor, prometo explicárselo.


La máquina predictora de estados de ánimo




No es ningún secreto que un tonto "leal" tiene más posibilidades de ascender en una empresa que un listo librepensador, pero si el tonto, además, disfruta gritando a los demás, sus posibilidades de ascender rozan el 100%. En eso andaba Gaznápiro, entrenando sus mejores gritos con el Sr. Lego dentro de su despacho (su faceta de tonto no necesitaba entrenarla más porque, probablemente, había llegado ya a lo más alto que nadie pueda llegar). Los gritos podían oírse en toda la oficina, entre nasales y con un tono agudo que daban más risa que miedo, y que agudizaban, aún más si cabía, la condición de tonto "leal" que le hace el trabajo sucio al gran jefe.
El Sr. Lego salió del despacho con la cabeza baja y maldiciendo hasta en arameo antiguo. Sofía, que se sentaba en la mesa contigua a la mía no paraba de anotar cosas en una libreta pequeña de color rojo, de esas de anillas en la parte de arriba.
¿Qué anotas con tanto interés? -pregunté a Sofía intentando esconder mi curiosidad.
Anoto el estado de ánimo que tiene Gaznápiro. Lo hago desde hace nueve días. -respondió.
Me quedé mirandola un rato esperando que me dijera que estaba de broma, pero no lo hizo. En vez de eso, prosiguió contándome detalles.
Intento encontrar un patrón de comportamento para ver si descubro qué es lo que hace que tenga un día de perros o un día de buen humor. Así sabré cuando pedir un ascenso o un día de vacaciones. Anoto lo que ha desayunado, el color de la corbata, si toma o no café… en fin todo lo que pueda observar lo anoto.
Lo peor de todo es que, conociendo a Sofía, lo estaba diciéndolo totalmente en serio.
El Sr. Lego, que andaba pegando el oído preguntó a Sofía si podía decirle qué tal día iba a tener mañana, ya que tocaba reunión de proyecto y andaba algo retrasado con la programación.
Bueno, -respondió Sofía- desgraciadamente aún no he encontrado ningún patrón.
Ambos me miraron como esperando que me sacara un as de la manga.
Venga Alberto, seguro que conoces algún truco para convertir todos estos datos en algo utilizable -dijo el Sr. Lego dándome palmaditas en la espalda y sonriendo como si me hubiera pillado en un renuncio.
Claro, si la información que ha anotado Sofía es la mitad de precisa de lo que esperaría de ella podemos utilizar un clasificador bayesiano para modelar el comportamiento de Gaznápiro e intentar predecir con qué estado de ánimo llegará mañana a la oficina.
Ahora eran Sofía y el Sr. Lego los que me miraban a mí como si fuera un bicho raro, lo que me hizo anotar mentalmente: "No volver a mirar a mis compañeros como si se hubieran escapado de un manicomio".

La máquina invencible 2


No es que no valore ciertas virtudes como la tenacidad, pero en el caso del Sr. Lego la cosa va un paso más allá. No es el programador más brillante de la empresa, pero sin duda lo suple sobremanera. Y es que cuando se propone algo, nada ni nadie puede apartarlo de su objetivo.
Todo empezó unos días antes cuando tuvimos una charla sobre inteligencia artificial en juegos y el algoritmo minimax. Desde alquel día andaba obsesionado con hacer un juego al que él jugaba de pequeño: El Conecta 4. Un juego de dos jugadores en el que hay que insertar fichas y apilarlas verticalmente para conseguir hacer una línea de 4 fichas del mismo color, ya sea horizontal, vertical o en diagonal.
Recuerdo haber pasado horas en mi infancia jugando a aquél juego, pero creo que el nivel de obsesión del Sr. Lego, en relación al juego, era muy superior al mío.
Usando el algoritmo minimax, el Sr. Lego, había conseguido hacer jugar al ordenador de forma bastante decente, aunque como yo había podido ganarle un par de veces, el quería más. Quería que el programa fuera capaz de ganar siempre.

La máquina invencible



Es raro que algún día me encuentre en la oficina con poco trabajo que hacer. También es raro que no ande por allí mi jefe Gaznápiro fustigándonos con su verborrea y sus dotes para convertir el proyecto más simple en un infierno. Sin embargo, que se den las dos cosas a la vez es un hecho tan estadísticamente improbable como que no te pille un gran atasco a la salida del trabajo.
Aquella mañana el azar había querido que el Sr. Lego y yo andáramos enfrascados tranquilamente en una conversación cinematográfica. Hablábamos de los gazapos informáticos que minaban la mayoría de las películas, lo cuales no son pocos, y quizás tan habituales como los gazapos científicos, pero esa es otra historia. Hablábamos de clásicos como Tron, Hackers o Conspiración en la red. Todo iba bien hasta que el Sr. Lego comenzó a criticar Juegos de Guerra, lo cual era demasiado para alguien como yo, que conocía al dedillo cada frase del diálogo y, siendo aún un adolescente, había descubierto en esta película las maravillas de la Inteligencia Artificial y el Hacking reunidos en una hora y media de metraje.

Razonando como un niño




Acababa de llegar a la oficina, y ahí estaba el señor Lego sentado en la mesa de al lado. A pesar de ser mi compañero de trabajo (es programador como yo) nos hablamos de usted y yo siempre lo llamo señor Lego (su nombre real es Pascal Lego). Estaba ensimismado tratando de resolver un rompecabezas para niños pequeños. Un rompecabezas lineal de unas cuatro piezas grandes.

¿Difícil señor Lego? - Dije irónicamente.
Mucho, me respondió. Anoche estaba enseñando a mi hijo como resolver operaciones matemáticas con el ordenador, y de pronto me espetó - "Este ordenador es tonto, ni siquiera es capaz de resolver mi rompecabezas" - Y aquí ando, viendo como podría hacer un programa para demostrar a mi hijo que el ordenador si puede resolverlo. Quizás tu puedas echarme una mano.
La verdad es que tenía bastante trabajo acumulado, pero uno no es de piedra y siempre está dispuesto a enfrentarse a nuevos desafíos.